20 septiembre 2017

MARIA CALLAS - In Memoriam


Este mes de Septiembre, se cumplen 40 años de la desaparición de la cantante de ópera María Callas.¿Hay algo que no se haya dicho o comentado sobre su voz y su vida en todo este tiempo? Seguramente que no, pero desde el momento en que nos dejó y pasó a brillar como estrella rutilante en el olimpo de los inmortales, de los artistas insignes que nos han ido deleitando con su arte a través del tiempo, su figura humana y artística sigue fascinando a todos.


María Callas nació el 2 de diciembre de 1923, en un hospital de Nueva York y mientras caía una intensa nevada en la ciudad. Sus padres eran emigrantes griegos que habían llegado pocos meses antes. Su padre George Kaloyerópulos, farmacéutico de profesión, estableció un pequeño negocio, cambiando su difícil apellido por el de Callas.
Su madre, Evangelia Dimitriadou, que aquel mismo año había perdido a su hijo Vasili de tres años, víctima de una epidemia de tifus, esperaba tener otro niño, al principio no quiso verla y tardó tiempo en darle un nombre. Finalmente, fue bautizada en 1926 en la iglesia griego-ortodoxa de Nueva York. En su libro "My daugther María Callas" Evangelia cuenta la anécdota de que cuando la pequeña María con sólo cuatro años, cantaba con las ventanas abiertas, en la calle había personas que paraban sus coches para escucharla y bloqueaban el tráfico.

Un suceso dramático ocurrió en 1928. Cuando la pequeña atravesó corriendo la calle en busca de su hermana Jacinty un coche la embistió arrastrándola varios metros. Estuvo 22 días en coma y parece ser que se salvó de milagro. Mas tarde María confesó que durante todo aquel tiempo, extrañas melodías sonaban en sus oídos. Su madre asegura que después del accidente, su hija cambió el carácter completamente, volviéndose obstinada y rebelde, lo cual ya adulta la haría famosa.

En los siguientes años María Callas fue una excelente estudiante, a la vez que aprendía música y canto. En 1935 los padres se separan y María regresa con su madre y su hermana a Grecia.
En Grecia María Callas estudia en el Consevatorio de Atenas, obteniendo diploma en canto, piano y lenguas (italiano, español y francés). Más adelante recibió enseñanza de las sopranos María Trivella y la española Elvira de Hidalgo que le enseñó coloratura. Esta última declararía en una entrevista que le hizo la revista "Life" en 1955, que para la prodigiosa memoria de la Callas, era normal aprender la parte de una ópera difícil en menos de una semana.


El 2 de Abril de 1939 interpretó el papel de Santuzza de la ópera Cavalleria Rusticana de Pietro Mascagni en versión concertante, ganando el primer premio y comenzando así su brillante carrera.
Durante los años siguientes siguieron las interpretaciones en importantes teatros de Atenas, de las cuales cabe destacar, ademàs de la ya citada Cavalleria, dos operetas "El príncipe estudiante" de Millocker y "Boccaccio" de Franz von Suppé, "Tosca" de Puccini y "Fidelio" de Beethoven.

También cantaba en conciertos en los cuales incluía arias poco conocidas y cantos populares griegos.
Eran los años duros de la segunda guerra mundial y Grecia estaba ocupada por Alemania. María tuvo que trabajar como intérprete en la embajada inglesa y cantar en locales de toda categoría. Las condiciones no eran pues demasiado favorables para ella. Su profesora Elvira de Hidalgo le recomendó ir a Italia, donde encontraría mas apoyo a su actividad artística pero allí la situación política también era agitada, por lo que después de un último y aclamado concierto en Atenas, decidió regresar a Nueva York y reencontrarse con su padre. Era 1945 y tenía 22 años.

La estancia de María Callas en Estados Unidos apenas duró dos años y aunque consiguió algunos trabajos y siguió perfeccionando su técnica vocal, puede decirse que no fue una época afortunada, ya que además contactó con un agente artístico poco escrupuloso que le causaría más adelante graves problemas. Bagarozy que así se llamaba, había engañado a otros cantantes, entre ellos el famoso bajo italiano Nicola Rossi-Lemeni. Tal vez su suerte hubiera sido distinta de haber aceptado el contrato que Edward Johnson, director general del Metropolitan de Nueva York, le ofreció para cantar las óperas Fidelio y Madama Butterfly. Pero  María no aceptó cantar Fidelio en inglés como le pedian, y consideró poco apropiado interpretar el papel de Butterfly para su presentación en el Metropolitan.

Maria y su esposo Giovanni
El 27 de Junio de 1947, Callas regresa a Italia. Nicola Rossi-Lemeni presentó María a Giovanni Zenatello, director artístico de La Arena de Verona, célebre escenario operístico y éste la contrató enseguida para cantar "La Gioconda" de Ponchielli. A pesar de todos los pronósticos, la representación de Gioconda fue sólo un éxito relativo, obteniendo críticas benévolas. Recordemos que aún no tiene 24 años y a pesar de su experiencia, todavía le falta madurez para ser una gran cantante.

Sin trabajo y sin amigos, María piensa seriamente en abandonar su carrera de cantante y dedicarse a otra profesión. Entonces aparece en su vida Giovanni Battista Meneghini, que cree en sus facultades artísticas y se convierte en su mecenas costeando más clases de canto. Empresario capaz y con suerte, a los cincuenta años ya era rico y también soltero y amigo del buen vivir. Giovanni y María se casaron en 1949, en una sencilla ceremonia religiosa.

En 1948 canta su primera "Norma" en la ciudad de Florencia, considerada por los críticos como su obra magistral, tanto en interpretación vocal como escénica, sin desmerecer otras grandes creaciones suyas.
El director italiano Tullio Serafín, gran amigo y admirador suyo, le propuso el difícil papel de "Tristan e Isolda" de Richard Wagner para cantarlo en la próxima temporada en el importante teatro "La Fenice" de Venecia. Por fin, obtiene un gran éxito y canta, a sus veinticinco años, óperas tan importantes como Turandot, Aida, Parsifal y La Walkiria, entusiasmando al público.

La Scala de Milán
Sin embargo, su nombre es aún poco conocido a nivel popular. Una casualidad afortunada permitió que María Callas se convirtiera en una figura conocida y aclamada en toda Italia. La soprano Margherita Carosio que debía interpretar a Elvira en la ópera "Il Puritani" de Vincenzo Bellini, se puso enferma y Serafín propuso a María cantarlo, aunque pareciera una locura que una soprano wagneriana hiciera aquel papel. Callas lo aprendió en pocos días, lo cantó y entusiasmó de tal modo al público que todo fue diferente a partir de entonces.
El 12 de Abril de 1950, María debutó en el teatro de ópera "La Scala" de Milán, uno de los más famosos del mundo. La obra elegida fue "Aida" de Giuseppe Verdi, sin embargo, fue recibida con reservas. La razón quizá estaba en el recuerdo que el público tenía de Renata Tebaldi, muy querida y admirada por su voz bella y perfecta. El contraste entre las dos voces resultaba demasiado fuerte y al oído de los espectadores les costaba aceptar aquella manera diferente de cantar. La voz de María, excepcional y única, no se puede comparar con otras voces, se ha de disfrutar sin hacer comparaciones.

El 23 de mayo de 1950 debuta en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México, cantando Norma, y es en el mismo escenario donde intercala un célebre Mi bemol al final del segundo acto de Aida conocido como «el agudo de México» Allí cantaría las dos únicas funciones de Rigoletto a lo largo de su vida junto al tenor Giuseppe Di Stefano, formando desde entonces una de las parejas más famosas en la Historia de la Ópera.
La temporada 1951-52 se abrió en la Scala con la obra de Verdi "I Vespri Siciliani" y ahora, por fin, el público la recibía con ferviente entusiasmo en una de las actuaciones más aclamadas y recordadas de la soprano.


A partir de entonces. comienzan sus mejores años como cantante y a recibir el apelativo de "La Divina". Por otra parte, a nivel personal tuvo una transformación extraordinaria, no sólo adelgazó considerablemente, sino que obtuvo una figura y apariencia espléndida, propia de una modelo. Según los críticos, su voz no resultó perjudicada por el cambio, por el contrario adquirió más perfección y refinamiento y su figura elegante y el dramatismo que imprimía a sus actuaciones hacían de éstas un espectáculo fascinador. María, maravillosa en papeles románticos como "La Traviata", resultaba electrizante en "Norma" o "Medea".

En los años siguientes a su debut en Milán, María Callas se convirtió en la primera figura de La Scala. Actuó también en otras ciudades de Italia y del extranjero. Entre otras, cantó en la Opera de Chicago, el Metropolitan de Nueva York, el Covent Garden de Londres y en París y otros escenarios principales de Europa. Aunque había otras grandes sopranos por aquel entonces, se creó un clima de rivalidad entre ella y la cantante Renata Tebaldi, fomentado por los seguidores de una y otra y que aumentaba la popularidad de ambas.

En el año 1957 durante una recepción, conoció a Aristóteles Onassis, multimillonario griego dueño de poderosas compañías navieras. Diecisiete años mayor que ella, aparte del indudable atractivo de su riqueza, Onassis era un seductor que poseía una  personalidad carismática; ambos griegos y de espíritu parecido, inevitablemente surgió la pasión entre ellos. Es más que probable que la carrera de María Callas hubiera sido distinta de no haberse conocido, pero la historia ya está escrita y perderse en especulaciones de poco sirve. María declaraba en ocasiones que su vida se reducía a ir de casa al teatro y viceversa y que deseaba vivir una vida más completa como persona.
La voz es un don privilegiado que requiere muchos cuidados y sacrificios a un cantante. Vamos a un concierto pagando una entrada y esperamos oír una actuación perfecta, pero pocas veces pensamos en todo el esfuerzo y dedicación que esto supone. Muchos eminentes cantantes y otros artistas, han confesado su soledad y tristeza en las giras a distintos países, lejos de familiares y amigos y el estrés que les causaban los constantes desplazamientos.



El día 2 de Enero de 1958 sucedió el célebre episodio de su abandono representando la ópera Norma en la Casa de la Opera de Roma y a la cual asistía el Presidente de Italia, Giovanni Gronchi. La prensa sensacionalista magnificó lo ocurrido, que de no tratarse de una gala extraordinaria y con otro cantante, hubiera pasado casi desapercibida, como una simple anécdota.

Poco tiempo después del suceso de Roma, entró en conflicto con la Scala y mas tarde El Metropolitan de Nueva York la obligó a rescindir su contrato. A partir de entonces, comenzó a presentarse solo en recitales, con actuaciones menos frecuentes en treatro. Aquejada de unos problemas de salud poco esclarecidos, los primeros fallos en la voz de María Callas, aún joven, posiblemente se debieron a varias causas. Quizá descuidó su cuidado, también el extenso repertorio que abarcó, con los cambios constantes de tesitura, y su gran actividad en aquellos años de fama, hicieron que aquella voz potente y extraordinaria empezara a perder cualidades.

En 1959 ella y su marido fueron invitados por Onassis a un crucero en su famoso yate "Cristina". En el mismo viajaban Winston Churchill, la familia italiana Agnelli, y otras muchas importantes personalidades. En el mes de noviembre y en el tribunal de Brescia (Italia) María obtuvo el divorcio de su marido Giovanni Battista Meneghini y se hizo oficial su relación con Onassis.

En el año siguiente, 1960 cantó sólo siete funciones,dos de "Norma" en el teatro de Epidauro (Grecia) y cinco de" Polliuto" de Donizetti, con el tenor Franco Corelli en La Scala de Milán. Su interpretación seguía siendo de gran fuerza dramática, pero con la voz atacada de un desagradable "vibratto". En 1961 cantó "Medea" de Cherubinni en Epidauro y La Scala. Los años 1962-63 sólo hubo algunos recitales. En 1964 cantó "Tosca" en el Covent Garden y en Paris también junto con la Norma. En 1965 cantó Tosca en Nueva York con gran éxito, parecía que volvian los buenos tiempos para su voz, pero el triunfo fue breve, en mayo de nuevo en París, no pudo terminar su actuación en Norma. El día 5 de julio de 1965 cantó su última ópera en un escenario: Tosca, en una gala donde asistía la reina Isabel II. las tres representaciones restantes fueron anuladas.


Su vida a partir de entonces, es algo triste de contar. Sin duda, para ella tener que alejarse de los escenarios fue lo más trágico que pudo sucederle, es difícil de comprender el vacío y gran dolor que la pérdida de un gran don nos produce, quizá mucho más que cualquier pérdida material, Pero aún había más, también acabó su relación con Onassis al casarse éste con Jackie Kennedy viuda del presidente de Estados Unidos.
Trató de hallar algunas referencias en su vida, dando clases magistrales y rodando una película con Pasolini pero finalmente se retiró a su piso en París, alejada de la vida social y recibiendo sólo las visitas de algunos pocos amigos. Con uno de estos, el tenor Giuseppe Di Stefano compañero de escenas en tantas óperas, realizó una última gira en 1973 por varias ciudades de Europa, Estados Unidos y Japón. Aunque su voz ya no es la misma, conserva todavía fuerza y expresión dramática y se intuye su pasado esplendoroso.

El día 16 de Septiembre de 1977, el corazón de María Callas de detuvo para siempre. Se ha especulado mucho sobre su muerte, pero teniendo en cuenta las circunstancias de su vida y los problemas de salud que al parecer tenía desde hacia años y que llegaron a apartarla de los escenarios, se puede aceptar que la misma se produjo por causas naturales.



María Callas fue una artista irrepetible. En una época, la mitad del siglo XX, en que la ópera parecía estar en declive ella devolvió a los antiguos libretos toda la frescura y encanto originales.

Con una compleja voz de soprano que abarcaba tres octavas, afrontó un inmenso repertorio, cerca de 47 obras distintas, desde el bel canto hasta el verismo e incluso Wagner. Combinada una formidable técnica del bel canto que daba flexibilidad a su caudalosa voz, a la cual se sumaba un timbre personal característico, junto a una sorprendente capacidad de matizar, articulando entre sobreagudos brillantes (hasta el Mi6) pianos bellísimos y graves reforzados en voz de pecho. Poseía también un gran talento dramático, lo que unido a su atractivo físico la hacían magnética en escena.

Algunas funciones históricas han quedado en el recuerdo refrendadas por crítica y público como versiones legendarias:

Ciertos roles, que interpretó pocas veces, se consideran notables, como su Nabucco (en la versión de 1949),
Turandot (en una famosa reposición en el Teatro Colón en 1949),
Aida (en la representación en Bellas Artes, México de 1951),
I Puritani (La Scala en 1953 junto a Di Stefano),
Medea (con la famosa reposición en Florencia de 1953),
Tosca, una de sus preferidas,(particularmente la versión discográfica considerada «definitiva» de 1953),
La Sonnambula (representación en La Scala de Visconti en 1955)
Lucia di Lammermoor (1955 con direción de Herbert von Karajan, canta una histórica para la reapertura de la Deutsche Oper Berlin.
Anna Bolena, de Donizetti (1957 La Scala. Histórica exhumación en una fastuosa producción de Luchino Visconti
La traviata,de Verdi. El 27 de marzo de 1958 en Lisboa junto al joven tenor canario Alfredo Kraus, en una de las representaciones más aclamadas e inolvidables de esta obra, dirigida por Franco Ghione.




08 agosto 2017

Franz Schubert, Am See (Junto al lago)



Franz von Bruchmann,  hijo de un comerciante de éxito que se trasladó desde Colonia a Viena en algún momento durante la era napoleónica, fue contemporáneo de Franz Schubert, y, probablemente, asistió a la escuela secundaria, junto con él.

Bruchmann era una figura típica del movimiento temprano Romántico, inspirado en la naturaleza, fuertemente influenciado por Goethe y luego los hermanos Schlegel y Schelling. Al parecer se apartó del catolicismo de su familia en la época en que estaba componiendo este poema, acercándose más a los puntos de vista panteístas de los Schlegel y  poniendo de relieve la relación entre el hombre y la naturaleza, sobre todo en la línea de "wenn der Mensch zum See geworden," literalmente, "cuando el ser humano se ha convertido en el mar." Bruchmann no era conocido como poeta, pero fue un patrocinador entusiasta de Schubert, celebrando la famosas veladas musicales (Schubertiade) en su casa en Viena.

Este Lied, que muy bien podríamos señalar como el hermano pequeño de Auf dem wasser zu singen, es un ejemplo destacado de la capacidad de Schubert para producir maravillas a partir de material poético sin pretensiones e ingenuo.
Su música es excepcionalmente simple, y todo él mismo hipnótico. Está muy bien evocado el sonido de las olas rompiendo en la orilla del lago y Schubert utiliza brillantemente la voz humana de la cantante para presentar el alma "leuchtend flammend" ("en llamas brillantes"), al igual que el piano se utiliza para emular las olas, preservando la simple dicotomía del concepto poético. Parece que Schubert también ha jugado un poco con la conclusión del poema, la adición de un "viele" extra para dar énfasis, pero él usa esto de una manera muy inteligente en la composición musical, la deriva hacia el mundo infinito de los sueños.




AM SEE  - Franz Seraph Ritter von Bruchmann (1822)

In des Sees Wogenspiele
Fallen durch den Sonnenschein
Sterne, ach, gar viele, viele,
Flammend leuchtend stets hinein.
Wenn der Mensch zum See geworden,
In der Seele Wogenspiele
Fallen aus des Himmels Pforten
Sterne, ach, gar viele, viele


Sobre las móviles ondas del lago
caen con los rayos de sol
muchas, muchas estrellas
llameantes y luminosas

Ah, si el hombre fuera un lago
sobre las ondas de su espíritu
del cielo abiertas las puertas
caerían muchas, muchas estrellas



13 julio 2017

Vivaldi, Concierto guitarra (Laúd) RV 93




Durante la vida de Vivaldi (1678-1741), el laúd, instrumento de cuerda pulsada e introducido en Europa durante la Edad Media, se acercaba al final de una larga y distinguida carrera como solista, alcanzando su gloria final en las suites de Bach y su compañero alemán, Silvius Weiss.

El concierto de cámara en Re mayor RV 93 para cuerdas solistas y laúd es uno de los cuatro que Vivaldi escribió para este instrumento. Junto con los tríos para violín y laúd en sol menor, RV 63 y do mayor, RV 85 fue compuesto en Bohemia durante la década de 1730.
En este breve y atractivo trabajo de tres movimientos, Vivaldi explota los timbres del instrumento y su habilidad para tocar arpegios a efectos atractivos. Las piezas para laúd están escritas principalmente como acordes y su intérprete debe tocar arpegios sobre la base de estos acordes. En la actualidad, pocas veces se interpreta con el instrumento original y ha pasado a ser un concierto para guitarra respetando en lo demás la partitura.

Michelangelo_Caravaggio
El primer movimiento Allegro giusto, está en un tempo rápido y comienza con un ritornello interpretado por toda la orquesta y luego repetida por el laúd en solitario. El ritornello contrasta un tema de apertura melódica con un motivo más lírico en el modo menor. Durante el movimiento, el laúd solista toca melodías en contraste con el ritornello, con la alternancia típica entre solista y cuerdas.
El movimiento Largo central, es una meditación reflexiva para el solista con el acompañamiento de violín y bajo continuo pizzicato, y un cambio exquisitamente simple del triple al compás binario, que nos sumerge en una especie de ensueño, del que no quisiéramos despertar.
El rápido Allegro final, nos trae un retorno al espíritu del primer tema del movimiento de apertura, y tiene un poco de tarantela con sus ritmos de 6/8.

Al igual que con otras obras para laúd de Vivaldi, el Concierto en Re no se publicó en vida del compositor. El manuscrito autógrafo se conserva en la Biblioteca Nacional, de Turín.



15 mayo 2017

Schubert, Momentos Musicales D780, Op. 94


El editor Leidersorf publicó en Viena el año 1828 una colección de seis piezas cortas para piano de Franz Schubert. Las tituló originalmente, en un incorrecto francés, Six Momens musicals, cuando debería ser Six Moments Musicaux, tal como se conocen hoy en día.

Los manuscritos originales se han perdido y hay pocos datos referente a la composición estas obras. Se supone que son anteriores a sus Impromptu, si bien con su construcción tripartita, son más cortos e incluso más íntimos en lo que respecta a la composición, a las invenciones melódicas y a la escritura armónica.

En 1823 se publicó el nº 3 el más conocido y popular del ciclo y el sexto número en 1824 en un álbum de Navidad bajo el título Les plaintes d'un troubadour (Las quejas de un trovador).

Aunque no alcanzan la profundidad e inspiración de los geniales Impromptu, los Momentos Musicales están entre las obras de piano más frecuentemente interpretadas de Schubert, y se han registrado muchas veces.

Los movimientos son los siguientes:

1 Moderato en do mayor.
2 Andantino en la bemol mayor.
3 Allegro moderato en fa menor.
4 Moderato en do sostenido menor.
5 Allegro vivace en fa menor.
6 Allegretto en la bemol mayor.

El fragmento en Do mayor, que comienza en fanfarria con octavas, parece deslizarse en tonalidades lejanas; poseemos aquí un ejemplo del talento de Schubert para concentrar los colores sonoros.

El segundo Momento Musical es un sombrío andantino en La bemol mayor con una parte media en Fa sostenido menor que, como bajo el dominio de una fuerza mágica, encierra la quinta en Do sostenido.

El Momento Musical en Fa menor, muy popular por su ritmo gracioso, sus bajos staccato y su melodía adornada de notas alegres, fue compuesto hacia 1823 con el título de Aire ruso: esta fue una de las raras tentativas de Schubert para estilizar folklores distintos al austríaco o húngaro.

Las figuras en dobles corcheas que recorren el conjunto del fragmento en Do sostenido menor hacen pensar en una imitación romántica al estilo de los Preludios de Bach; a la parte principal, que se desarrolla en un crescendo endiablado, se pone un movimiento central, etéreo y sentimental, en Re bemol mayor (a decir verdad en Do sostenido mayor).

Bajo la forma de un fogoso scherzo con ritmo de 2/4 se desarrolla rápidamente el movimiento en Fa menor con duros acordes staccato.

El allegretto final en La bemol mayor, concebido ya en 1825, es, con su trío en Re bemol mayor, melancólico y sonoro, un lied schubertiano sin palabras un momento musical en la acción más noble de este término genético del Biedermeier.


09 marzo 2017

Richard Strauss, Vier letzte Lieder




Terminada la Segunda Guerra Mundial, Richard Strauss se trasladó a Suiza. Allí, a finales de 1.946, descubrió un poema de Joseph von Eichendorff titulado Im Abendrot (­En la puesta de sol), al cual puso música para soprano y orquesta, en homenaje a su esposa y antigua soprano Pauline de Ahna. Im Abendrot estaba originariamente concebida como una pieza aislada, y no como uno de los "últimos Lieder" o como parte de un ciclo. Strauss concluyó la obra en Montreux el día 6 de mayo de 1.948.

En estas fechas Strauss estaba leyendo una nueva edición de los poemas de su viejo amigo Hermann Hesse, lo que le movió a componer música para algunos de ellos; Frühling (P­rimavera) fue completado el 18 de julio, en Pontresina. Beim Schlafengehen ­(Al ir a dormir) fue concluido diecisiete días más tarde, también en Pontresina. De regreso a Montreux, compuso September (Septiembre) el día 20 de septiembre de 1.948. El compositor presentía la muerte cercana y en estos lieder nos muestra sus más profundos sentimientos a la vez que una serena aceptación del destino.
Un año más tarde, el 8 de septiembre de 1949, Richard Strauss moría en la localidad bávara de Garmisch Partenkirchen a la edad de 85 años. Nunca llegó a escuchar la interpretación de estas canciones y, de hecho, tampoco podía haber adivinado que el poema de Eichendorff acabaría integrando un ciclo junto con los de Hermann Hesse. Fue Ernst Roth, su editor londinense, quien reunió estas obras dándoles el título de Vier letze Lieder (Cuatro últimas canciones).

La primera interpretación de los  Vier letzte Lieder   tuvo lugar el 22 de mayo de 1.950 en Londres, donde Kirsten Flagstad actuaba como solista junto a la orquesta Philharmonia, ambos bajo la dirección de Wilhelm Furtwängler. Inmediatamente se reconoció en estas cuatro canciones una de las despedidas más emocionantes y elocuentes de toda la música, la última manifestación del post-romanticismo que dejaba uno de los grandes maestros de la época.


Los Vier letze Lieder proporcionan un despliegue ideal a la voz de soprano que se ve rodeada por una gran orquesta sinfónica, con notables intervenciones de la trompa, con ello Richard  rinde homenaje a su esposa la soprano Pauline Ahna y a su padre, el solista de trompa Franz Strauss.

Frühling comienza con las cuerdas, doble distribución de maderas y cuatro trompas, más corno inglés y clarinete bajo, además de un arpa. En el curso del primer verso, la música lucha por separarse de la oscuridad invernal. En Septembrer, Strauss añade una tercera flauta y dos trompetas. El dulce tornasol de la textura orquestal tiene algo de magia expresiva. Hay otro momento radiante en el segundo verso y un solo de trompa imprime su noble toque a modo de epílogo. En Beim Schlafengehen, la orquesta se enriquece con una cuarta flauta, tres trombones y tuba (de gran efecto a principios del tercer verso), además de una celesta. Al final de la segunda estrofa, un solo de violín evoluciona hacia la suntuosa tonalidad de re bemol mayor. Im Abendrot es el que requiere el efectivo orquestal más importante, incluyendo un contrafagot, una tercera trompeta y tambores.

Pauline Ahna
Frühling (Primavera)

En la gruta crepuscular
soñé largamente
tus árboles tus aires embriagadores
tus olores y el cantar de tus pájaros.

Ahora yaces descubierto
con tus ornamentos resplandecientes
pleno de luz
como un milagro ante mi.

Me reconoces de nuevo
me atraes dulcemente,
mis miembros tiemblan
tu bienaventurada presencia.

September (Septiembre)

En el jardín enlutado
cae gélida la lluvia sobre las flores.
El verano se estremece
mansamente esperando su final.

Goteo dorado de hoja
en hoja de la gran acacia.
El verano sonríe asombrado y abatido
en el jardín agonizante.

Moroso junto a las rosas
se entretiene, buscando la calma.
Lentamente, cierra
sus cansados ojos.

Richard Strauss-Retrato
Beim Schlafengehen (Al irme a dormir)

Cansado del día
debe recibir mi añoranza ansiosa
amigablemente la noche
como al niño fatigado.

Manos, dejad los quehaceres,
Cabeza, olvida todo pensamiento,
todos mis sentidos
desean hundirse en el sueño.

Y el alma sin vigilancia,
desea colgándose de libres alas,
vivir profunda e intensamente
en el circulo mágico de la noche.

Im Abendrot (En el ocaso)

Hemos atravesado necesidad y felicidad
cogidos de la mano;
descansamos del camino
en el campo silencioso.

Alrededor, se inclinan ya los valles
oscureciendo el día
mientras dos alondras se alzan
ensoñadoramente en el éter.

Ven y déjalas correr
pronto es hora de dormir
y así no nos perderemos
en esa soledad.

Lejana, calmada paz
tan profunda en el crepúsculo.
Cuan cansados estamos del camino,
¿es esto quizás la muerte?

Para ver el texto original  AQUI